Nosotros, veinte fotógrafos sardos, recordamos con cariño a las víctimas silenciosas de esta pandemia. Las imágenes en blanco y negro narran las raíces de una tierra ancestral, las vidas dedicadas al trabajo de nuestros abuelos. Estos momentos cuentan historias que conocemos bien, pero que, distraídos por un mundo frenético, a menudo olvidamos.
Así, este momento de pausa forzada se convierte en el más importante para recordar de dónde venimos y proteger nuestra serenidad. Esperamos que la prudente distancia de hoy nos ayude a redescubrir el valor de la cercanía mañana.



